La
tragedia de Hiroshima y Nagasaki
Hiroshima y Nagasaki,
dos ciudades ubicadas en Japón, fueron atacadas por bombas atómicas ordenadas
por el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, con el fin de acabar con
el Imperio Japonés. Los ataques se efectuaron: el 6 de agosto de 1945 sobre
Hiroshima la bomba nuclear Little Boy, seguida por la detonación de la bomba
Fat Man tres días después sobre Nagasaki.
Se estima que hacia
finales de 1945 las explosiones causaron la muerte de 166.000 personas en Hiroshima
y 80.000 en Nagasaki, totalizando unas 246.000 muertes, aunque solo la mitad
falleció los días de los bombardeos. Entre el 15 al 20% de estas víctimas
murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por
radiación. Algunas otras personas fallecieron de leucemia (se observaron 231
casos) y distintos canceres (334 observados) en consecuencia de la explosión y
la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la mayoría de las
muertes fueron de civiles.
Seis días después de la detonación
de Nagasaki, el 15 de agosto el Imperio de Japón anuncio su rendición
incondicional a los “Aliados”, haciéndose formal el 2 de septiembre con la
firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón, concluyó la guerra del
Pacífico y, por ende, la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia de la
derrota, el Imperio nipón fue ocupado por fuerzas aliadas lideradas por los
Estados Unidos adoptando los “Tres Principios Antinucleares”, que le prohibían
poseer, fabricar e introducir armas nucleares.
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